Lun. Dic 5th, 2022


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En el Festival de Cine de Venecia, el director danés entrega la reinvención más loca, divertida e indescifrable de sí mismo

Lars von Trier y la actriz Ghita N.
Lars von Trier y la actriz Ghita Nrby.zentropo

No cuesta imaginarse allí a principios de los 90, con la ilusión y la fiebre de picos gemelos‘todavía en el medio, a un todavía joven Lars Von Treves en la oficina del productor de turno con una idea revolucionaria para una serie de televisión. A saber: una serie de médicos en la que nadie cura a nadie, nadie se lleva bien con nadie, nadie habla nunca de medicina y donde el personal sanitario parece mucho más enfermo que cualquiera de sus pacientes. ¿Qué puede salir mal?

Será por alguna razón es que el director ya joya como «El elemento criminal» Eso es ‘Europa‘ (e incluso de ‘epidemia‘, ¿por qué no?), se salió con la suya, convenció a quien tenía que convencer y todo, absolutamente todo, salió mal. De eso se trataba.

Entre la irreverencia, el drama sobrenatural, la comedia cruda y el más simple delirio, lo que salió en pantalla ya es un imprescindible. refutando la televisión desde cada uno de sus circuitos integrados. Luego vendría la época dorada de la serie con sus dragones y sus guapos doctores y todo sería infinitamente más aburrido. En otras palabras, el invento de Lars Von Trier no fue más que un genio tan autoconsciente como inalienable, además de un mal sueño. Imprescindible y, lo que importa, muy divertida.

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Pues bien, Lars Von Trier reapareció este martes en la Mostra (no él, sino su obra a través de él -o viceversa-) con la tercera temporada de la serie cambiando de nombre de Riget a El Reino terminar siendo renio mientras se acercaba a nosotros y nos dolían las retinas.

Éxodo del Reino (Así se llama ahora) es el cierre y es más sarcástico, cáustico y desprejuiciado que nunca. Regresamos al hospital más improbable de Dinamarca y del universo para presenciar la batalla final entre el bien, el mal y la normalidad. Delirante en cada una de sus impertinencias, brillante hasta el punto de hacer daño. Es TV, pero, en realidad, lo filma. de cerca

La primera escena da una pista. Karen, el personaje sonámbulo interpretado por la actriz Bodil Jürgensen, ve en la tele el final de la última temporada de, precisamente, ‘El Reino’. Y aparece un joven Lars Von Trier recuperado del pasado y despidiéndose. ¿Puede terminar así?, se pregunta incrédula, con el viejo DVD en la mano. Lo que sigue es la respuesta siempre negativa a la pregunta que acabas de hacer. De vuelta al edificio en el que un enorme organismo de hueso, sangre, estupidez y dolor, mucho dolor, se ha materializado en sus pasillos. La idea es, una vez más, parar todo. No dejes nada en pie. Los chistes sobre Ikea se mezclan con una catarata olímpica de disparates, todos rozando el buen gusto, por no hablar de algunos bocetos muy anticuado y muy danés sobre lo estúpidos que pueden ser los suecos a pesar de su capacidad para construir puentes entre continentes.

La serie llega, recordemos, tras el anuncio del director de que padece Parkinson. Una pregunta que sin querer (como diría el Chavo del Ocho) acaba siendo relevante.

No es descabellado leer Éxodo del Reino como una especie de testamento salvaje, una gran risa cósmica contra la enfermedad y el miedo, una reinvención del yo contra el yo. El director dice desde lejos que «éxodo realmente significa ‘entrar’ o ‘salir’ dependiendo del ángulo desde el que se vea la frontera». Y agrega que la palabra simplemente describe «un gran número de personas cruzando juntas una línea de lápiz». Y concluye preguntándose: «¿Por qué?… ¡Porque hay un desequilibrio entre el bien y el mal! Se ha llegado al límite, al menos en el Reino…». Por supuesto que no, pero no ayuda lo que continúa y cierra su declaración: “No puedo jurar que será fácil y sin derramamiento de sangre abrir las siete cerraduras astrales del mundo con la sangre de un médico”. ¿Incomprensible? No dudes. Bienvenido a Lars Von Trier. ¿Qué será del ejecutivo que compró la serie? Un monumento merece un monumento.

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Por Keiber

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